Problema: La gente es demasiado estúpida para entender la diferencia entre una banca y una barda junto a un barranco o una avenida muy transitada.

Solución normal: Instalar una barda en la que a la gente estúpida no se le ocurra sentarse y caerse, pero que igual se vea bonita.

Solución chilanga perisureña: Ponerle barda a la barda. Listo.

200% aplicable a la Ciudad de México, particularmente la primera. Llevo AÑOS quejándome amargamente sobre el caminado estilo chilango. Y no sólo aquí. 

Es 2014, ES SUFICIENTE. EVOLUCIONEN POR FAVOR.

(Fuente: shakeshack, vía valiendomother)

Anónimo preguntó: ¡Qué bonitas tus fotos! Qué cámara usas?

Ups.

Hora de una confesión: No tomo casi ninguna de las fotos que publico aquí.

O sea, sí tomo algunas. Si son selfies, particularmente situacionales o lo digo directamente, pueden asumir que sí tomé la foto. Aparte sí tomo mis propios screenshots y si aparezco en una que otra foto de algún dictador yugoslavo, algún disidente soviético, algún puerto en el Golfo de México o alguna iglesia poblana, pueden asumir que al menos estuve ahí cuando la tomaron. 

Fuera de eso, todas las imágenes las saco de Google bajo el entendido de que no me pertenecen. Este blog ha sido descrito de muchas maneras, pero nunca como un blog de fotografía. Si eso es lo que buscan, permítanme dirigirlos a Alejandro y su blog lleno de fotografías super bonitas de nopales, pueblos y pugs. 

Y contestando tu pregunta, uso la cámara de mi celular. Ups.

Un anuncio de servicio público: Los temblores y tú

Ahora que hubo un temblor fuertecito y que parece ser que no hubo heridos, me pareció un buen momento para sacar el tema.

Como dije en mi entrada sobre los simulacros en septiembre de 2012, NUNCA me ha tocado uno real, entonces en serio no sé cómo comportarme en uno aparte de lo que he leído en la teoría sobre el tema.

Además de eso, uno pensaría que trabajar en gobierno me ayudaría a aprender la práctica, pero pasé los últimos meses trabajando en un oficina gubernamental sin salidas de emergencia, áreas de repliego para sismos ni protocolos de emergencia de los cuales se nos avisara a todos los empleados. Así como lo leen. Sin embargo, algo que sí tenían eran dos cosas:

1. Puntos de reunión en un estacionamiento rodeado de cristales y en una calle estrecha, llena de árboles viejos (léase: a punto de caerse) y enmarcada por cables mal instalados. Ambos lugares seguramente nos matarían más rápido que los movimientos tectónicos bajo nuestros pies.

2. Simulacros de sismo sobre los cuales se nos avisaba cada 2 horas desde un día antes y que consistían, básicamente, en estar listos para la alarma y escuchar pacientemente los gritos de los brigadistas que nos ordenaban enérgicamente que dejáramos salir a los jefes bajo el entendido de que si estábamos arriba de la planta baja o teníamos un puesto medianamente bajo, éramos sacrificables. 

Entonces, cuando tembló antier, la verdad ni siquiera lo sentí. En parte porque estaba en el Pedregal (donde casi no se sienten), en parte porque no estoy acostumbrado y mi primera respuesta a un temblor es asumir que nomás estoy mareado, pero también en gran parte porque nunca me han entrenado con un simulacro de verdad. Cuando me dijeron que temblaba, mi reacción COMPLETAMENTE INCORRECTA fue vestirme, ponerme mis tenis más complicados de atarse, y salir caminando lentamente. Fue como si no tuviera sentido de supervivencia.

Soy de lo peor en emergencias. No sean como yo. Infórmense de qué hacer en un sismo y cuídense mucho, chavos.

Sobre mí, alias “HOLA”

image

¡Hola! Me llamo Francisco. Soy de Culiacán, estudié relaciones internacionales y tengo veintitantos años. Me gusta la cerveza, el K-pop y aunque hablo fuerte y medio golpeado, juro que rara vez estoy enojado.

Empecé este blog en 2011, cuando acababa de mudarme de Monterrey a la Ciudad de México y pasaron dos cosas:

1. Me di cuenta de que mi estimación inicial de “ay, también es México, ¿qué tan diferente puede ser?” estaba tan lejos de la realidad como Katy Perry de un Grammy.

2. Empecé a echar madres tanto, pero TANTO porque el cambio no fue tan suave como yo esperaba, que necesité un lugar donde desahogarme.

Tres años después, en los cuales me fui de la Ciudad de México un par de veces y volví, aquí sigo. Por lo tanto, sí, pueden asumir que ya me gusta el DF. Dejen de preocuparse. 

Información esencial:

Mi Twitter es: @fgg23
El Facebook de este blog es: /manualmexicodf
Mi Instagram está acá: /franciscogrgz

Las Preguntas Frecuentes aquí

#164 SÍ London Karaoke

Ubicación: Londres 167, Zona Rosa, cerca del Metro Insurgentes

Facebook: Aquí

No es secreto que soy super fan del k-pop, así que imagínense mi emoción cuando me invitaron a un karaoke coreano este fin de semana. El concepto de un karaoke coreano es que rentas un privado para ti y tus amigos y hay un karaoke NOMÁS PARA USTEDES ahí adentro. Es la onda si tienes amigos que les gusta adueñarse del karaoke en fiestas normales. 

ACLARO: Había música normal de karaoke mexicano. Cuesta $250 la hora, aparte del consumo, y la cerveza está a $30, lo cual me pareció razonable por el tipo de lugar. Altamente recomendable. Invítenme y con gusto les hago una representación coreografiada de Abracadabra. (No chequé, pero esa seguro la tienen, ¿no? Es de 2009 y fue como SÚPER FAMOSA, y así. Bueno ya.)

#163 SÍ Yaxi

image

No es la primera vez que hablo de smartphones o apps que sirven para visitar o vivir en la Ciudad de México ni de mi experiencia en sus taxis, pero hoy combinaremos las tres.

Definitivamente no me están pagando por decir esto, pero Yaxi es una app súper práctica y accesible para iPhone y Android que localiza taxis seguros a tu alrededor, los trae a ti (mostrándote desde donde vienen y cuánto van a tardar) y luego te permite pagar con tarjeta o PayPal desde tu celular.

image

Altamente recomendable para esas noches de muchas copas o mucha lluvia y pocos taxis. Y si quieren $100 para empezar, pongan mi código de promoción al usarla: vanmedalla51.

De nada.

Sintomatología del achilangamiento

Todos los foráneos en el DF lo hemos sentido: el momento en el que te pega el golpe de realidad de que el DF… ya no se te hace tan raro. Esto se conoce como achilangamiento, y nos sucede a todos los que vivimos aquí continuamente por varios meses o años. A continuación, algunos síntomas:

1. Cuando te das cuenta que tu umbral de aguante al tráfico y la falta de espacio personal sigue subiendo. De vez en cuando sí odias tu vida por ello, pero de repente, un día estás como sardina en la Línea B del Metro y te cachas a ti mismo pensando que no es para tanto. 

2. Cuando te da calor. Ese momento en el que te cachas a ti mismo viendo los 25ºC en el termómetro y diciendo “ay, ya hizo calorcito”. 

3. Cuando vas en el carril de en medio del Periférico. Y de repente recuerdas que no hay calles así en tu pueblo. 

4. Cuando te invitan un café y sabes exactamente qué esperar. O cuando te ofrecen un café y lo rechazas por la misma razón.

5. Cuando dices “aventón”, “diurex” y “bomberazo” como sin nada. Luego te escuchas a ti mismo y te preguntas a dónde se fueron tus raíces.

6. Cuando ya no te sorprende el mal servicio en cualquier establecimiento. Y es más, hasta sabes manejarlo apropiadamente.

7. Cuando ya sabes que es mejor hacerle caso a GoogleMaps que a tus amigos chilangos. Y ellos ni se ofenden al saber esto, porque es la realidad. 

8. Cuando ya nunca te falta morralla. Y aparte tienes un monedero funky

9. Cuando das el avión sin ataduras morales. Sí, incluso a tu jefe y a los papás de tus amigos chilangos.

¿Alguna otra?

¿Soy yo o la delegación Xochimilco como que tiene forma de cono de nieve?
De vuelta a la programación habitual.

¿Soy yo o la delegación Xochimilco como que tiene forma de cono de nieve?

De vuelta a la programación habitual.

#162 SÍ Ciudad de los libros

¿Por qué nadie me había dicho que esto existe? Y peor aún, ¿por qué nadie me había dicho que existe Y está súper accesible, prácticamente a un lado del Metro Balderas? Followers malos, ¡VAYAN A SU CUARTO!

Según me contaron, la Ciudad de los libros es el recinto en el que estaba el acervo de la Biblioteca de México antes de que lo pasaran a la Biblioteca Vasconcelos. Ahora es el hogar de las bibliotecas personales de diversos escritores fallecidos medio recientemente como Alí Chumacero y Carlos Monsiváis.

Tiene salas de lectura afuera y adentro, un espacio para niños, y todo el complejo es enorme y muy bonito. Lo recomiendo ampliamente si gustan de leer sin distracciones. Eso sí, es necesario advertirles que deben llevar su propia agua, café y golosinas.