#121 NO Café de Tacuba

He ido al Café de Tacuba más veces de las que quisiera recontar, usualmente al pasear personas de otras partes de México que creen que no pueden irse sin comer ahí. ¿Quieren mi opinión de verdad? La comida no es espectacular (ni saludable, ya que la manteca de puerco es común en sus platillos), los precios son excesivamente altos y aunque el lugar sí es bonito por dentro, casi siempre está lleno de turistas que no hacen de comer ahí una experiencia precisamente mexicana. Si no son super fans de Agustín Lara u Oscar Lewis, mejor quédense en otros restaurantes como El Mayor, el cual tiene vista al Templo Mayor, o caminen unas 4 cuadras al Café La Blanca.

#98 SÍ La Lechera

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La Lechera es como los Kleenex o la Aspirina: una marca que se hizo sustantivo. Y no me malentiendan, yo sí la conocía desde antes, pero incluso antes de ser intolerante a la lactosa, no se la ponía a absolutamente todo como lo hacen los chilangos. En el DF, toda fruta, pan, hotcake, waffle, cereal o preparación estilo arroz con leche/flan/gelatina automáticamente causa alabanzas si le agregan lechera.  De hecho, ponerle lechera a todo es una práctica culinaria bastante paralela con la fijación que tienen los gringos con ponerle crema batida a todo. Digo, a mi no me molesta, pero muchas veces me empalaga. A los chilangos nunca les empalaga. Nunca. Les. Empalaga. Creo que literalmente soy un amargado, porque dudo que la lechera sea el comodín gastronómico que los chilangos aseguran que es.

#38 SÍ El Tizoncito

Aunque su declaración de ser los inventores del taco al pastor es debatible por el simple hecho de que los chilangos no son particularmente dados a comer tacos al pastor, sigue siendo un de las taquerías buenas de la ciudad. Hay sucursales por todas partes, están limpias, te dan totopos con frijoles sin cobrártelos aparte y los alambres (guisos de carne asada con verduras) no tienen madre. 

Recomendación especial: El Tizoncito es la taquería perfecta para ir si no estás acostumbrado a la comida chilanga o mexicana en general. No es tan caro como otras taquerías con local propio (es decir, no-carretas), pero la comida está rica y es menos probable que un pobre gringo muera de diarrea unas horas después de comerla.

#16 SÍ cafecito de la tarde

Es en lugares como la Ciudad de México que uno entiende realmente la razón de que exista una fijación cultural con el renombrado cafecito de la tarde. Factores como un clima amigable, una necesidad de relajarse tras jornadas laborales estresantes y el hecho de que el café es muy barato en lugares como El Jarocho y los Bisquets Bisquets Obregón hacen que ir a tomar el café con los amigos para echar la platicada o simplemente tomarse un momento para leer o escribir con una taza de café al lado sean dos de los pequeños grandes placeres de la ciudad. Con sólo $20 y ganas de pasar un buen rato, no hay más que ir a alguna de las cafeterías de la ciudad y aprovechar todo lo bueno que viene con una taza de buen café. ¿Un par de recomendaciones? El Café La Blanca en el Centro Histórico y El Jarocho en el centro de Coyoacán.

#8 NO bromear sobre queso opcional en quesadillas

Para cualquiera que no haya crecido con ellas, las quesadillas de la Ciudad de México parecen más una especie de extrañas empanadas fritas que quesadillas de verdad. Además, para cualquiera que no las conoce, resulta extremadamente inusual que haya tantas opciones para rellenarlas (chicharrón, flor de calabaza, huitlacoche, champiñones, etcétera) y, efectivamente, que el queso es opcional al grado de que hay que pedirlo de forma específica. No te rías cuando tus amigos chilangos pidan “dos quesadillas de queso y una de chicharrón”. Para ellos no es gracioso, es la vida como siempre la han conocido. No intentes hacer notar que la palabra “queso” ya está en la palabra “quesadilla”. Eso no importa. Nadie sabe por qué no importa, pero NO IMPORTA. Realmente no les causa gracia a los chilangos tener que explicarse en este tema, ya que rápidamente se darán cuenta que no tiene sentido lógico lo que dicen, pero igual se rehusarán a aceptar que han dicho algo mal toda su vida. Es mejor poner tu cara de poker, decir un simple “ah, okey” cuando te aclaren que el queso es opcional, pedir tus quesadillas de queso y disfrutarlas sin preocuparte por el mal uso de las palabras. 

#7 SÍ gelatina

Particularmente si uno viene de un lugar con clima muy cálido o muy frío, es posible que no piense en la gelatina como EL postre de postres. En el DF es precisamente eso. El mundo de los postres puede incluir uno que otro pastel o la eterna dicotomía helado/nieve, pero de todos modos empieza y termina en la gelatina. Es posible que sea tan popular porque el clima lo permite, pero realmente no hay ninguna explicación para la realidad de que un plato de gelatina es el postre default en el DF. Si alguien sugiere una reunión, es casi irremediable que alguien se ofrecerá para llevar gelatina. No importa si es un cumpleaños en el que ya habrá pastel o una cena en la que el postre estará incluido, debe haber gelatina. Los chilangos comen gelatina en el trabajo, en el camión, mientras caminan, mientras duermen, con sus familias, con sus mascotas… en fin. No le hagas el feo a la gelatina. Disfrútala, porque la encontrarás en todas partes.

#1 NO menospreciar la paella

Uno pensaría que la herencia cultural española, la cual es vista de forma muy ambivalente en otros lugares del país, tampoco tendría una particular importancia en la capital. Error. En el DF aman a España y aman la paella. La aman casi tanto como la gente ama las donas estadounidenses en Monterrey. Alguien, usualmente una señora de edad avanzada, anunciará que hizo paella y los defeños brincarán de alegría, anticipando poder disfrutarla. Como no-chilango, es posible que la paella sea para ti sólo un platillo más por el cual no sientes una fijación especial. No manifiestes esto en el DF. Sólo come tu paella (si es que te tocó) y cállate.