Culichi vernáculo #1: güilo/a

Ha llamado mi atención que a muchos chilangos (y mexicanos no originarios de Sinaloa) les llama la atención mi lista de regionalismos que podrían hipotéticamente llevar a malentendidos chistosos. Tengo al menos un par de historias al respecto, así que permítanme iniciar una serie de posts sobre el tema. Para eso, cuando sea posible, utilizaré “El Chilangonario” de Alberto Peralta y “Sinaloa, Historia y Destino” de Herberto Sinagawa como referencias, para que no digan que me falta rigor académico, y así. El primer post será sobre la palabra “güilo”.

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En la Ciudad de México, “güilo” o “güila” hace referencia a quien tiene mucho sexo por todas partes, usualmente cobrando por el servicio. Es decir, es un sustantivo y hace referencia a prostitutas o personas extremadamente amigables. Aquí la referencia bibliográfica:

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En Sinaloa, por otro lado, “güilo” es adjetivo y sustantivo y significa “flaco”. Además no es una palabra particularmente coloquial. Es decir, todo mundo la dice en contextos normales de la vida diaria para hablar de personas o animales flacos. Aquí la referencia bibliográfica:

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Ahora la anécdota:

Alguna vez, por allá de finales de 2009, yo todavía estudiaba en Monterrey y visitaba a mi familia en la Ciudad de México durante las vacaciones. En una de esas, una buena amiga originaria de la Ciudad de México vivía en Veracruz, pero quería venir a pasar el fin de año conmigo en el DF. Le dije que por supuesto que podía, y hubo emoción en el aire y todo. Habíamos dejado de vernos algunas semanas antes, pero igual es padre cuando eres foráneo en una ciudad y tus amigos de ahí te visitan en OTRA. 

Pasaron las semanas, llegó el día, y cuando mi amiga arribó a mi casa, la vi más delgada, así que con toda naturalidad le dije alguna variante de "oye, te veo más güila, ¿qué has estado haciendo?"

Por supuesto, QUE NO QUEDE DUDA, que yo me refería a posibles actividades deportivas que ella pudiera haber realizado antes de visitarme. Ella evidentemente no lo tomó con el mismo significado que yo tenía en mi mente y eso llevó a una explicación bastante incómoda mientras el taxista esperaba a que le pagáramos. No me cacheteó ni nada, pero pues tampoco se sintió halagada, ni siquiera cuando le expliqué lo que quise decir. Y nunca he vuelto a comentar nada acerca del peso de la gente.

Achilangamiento o crecimiento

Tengo opiniones sobre estas “13 señales de que creciste en la Ciudad de México”. Empecemos, a ver si tengo señales de haber crecido en la Ciudad de México por haber vivido aquí 3+ años:

1. Conoces más de cien palabras que empiezan con la letra che.

Ah chingá chingá… ¿De cuándo a acá eso es algo chilango? Ok, esto sí lo tengo. 1/13

2. Utilizas el término “provincia”…

Nono y más no. 1/13

3. Sabes que una bicicleta con una canasta y plástico azul significan ¡comida!

A mí me remite más a ET el extraterrestre. 1/13

4. Pides tus quesadillas con queso.

No, aunque tampoco bromeo al respecto. 1/13

5. Eres a prueba de tráfico

A veces aún le afecta a mi psique, pero es cierto, ya no se me hace raro tardar al menos 1 hora en llegar a cualquier lugar. 2/13

6. Has estado de fiesta en una trajinera.

La última vez fue en 2011 y no sé si lo llamaría fiesta, ya que fue con mi familia y mi primito de 1 año, pero ciertamente he comido y bebido en trajineras. 3/13

7. Consideras que los sismos menores a seis grados no cuentan.

Casi nunca siento sismos de ningún tipo porque no estoy acostumbrado a ellos, pero es cierto que si son de menos de 5 grados (y por lo tanto no suenan las alarmas), no me parecen particularmente preocupantes. 4/13

8. Sabes lo que es un simulacro de contingencia ambiental.

En Culiacán también tenemos. Imagino que en otras ciudades también. NEXT. 5/13

9. Te refieres a los agentes de tránsito como “tamarindos”.

No, y nunca había escuchado de esto. Qué raros son los chilangos. 5/13

10. Se te hace muy normal que un edificio “se esté hundiendo”.

Ciertamente es común en la Ciudad de México, pero yo no lo llamaría normal. Digo, nadie construye edificios PARA que se hundan. O bueno, supongo que los aztecas sí lo hicieron. Quien sabe. 5/13

11. Conoces el lado salvaje de viajar en el transporte público.

Vaya que sí. 6/13

12. De todos los lugares que conoces para cenar… Más de la mitad son taquerías.

No, también disfruto la comida de verdad, aunque (true story) la única vez que me he enfermado del estómago por comer fuera en el DF fue en un Chili’s. 6/13

13. Sabes como termina la frase “¡Lleve sus ricos y deliciosos…”

…¿tacos? ¿chacales? No, ni idea. 6/13

No, evidentemente crecí en las desérticas tierras de Provincia.

moritzbernoully:

Mexico City© Moritz Bernoully 2014

Dato curioso: No hay tormenta que cubra toda la Ciudad de México, entonces el pronóstico del tiempo siempre dice “tormentas dispersas” o “chubascos dispersos”.

moritzbernoully:

Mexico City
© Moritz Bernoully 2014

Dato curioso: No hay tormenta que cubra toda la Ciudad de México, entonces el pronóstico del tiempo siempre dice “tormentas dispersas” o “chubascos dispersos”.

#166 SÍ charcos

Algo que poca gente te advertirá al momento de venir al DF es la lluvia. “Pero Francisco”, dirán algunos, “ciertamente no tiene nada de complicado lidiar con un poco de lluvia”. Es cierto, no es nada del otro mundo. Si tienen casa, botas y paraguas, ya la tienen armada. Lo que sí NADIE te advierte son los charcos que salen en las noticias, aunque no por la razón a la que estoy acostumbrado.

Ahora, hay que entender que mi sorpresa ante esto se debe a que los charcos salen en las noticias porque crean tráfico, lo cual (en mi humilde opinión) es igual de constante que la lluvia, y… no sé, ¿tal vez no es noticia?

En Culiacán los charcos también salen en las noticias por una razón completamente diferente: el dengue. Es decir, los charcos son el ambiente donde se reproducen los mosquitos, los cuales cargan el dengue y enferman a la gente y los convierten en zombies hemorrágicos. Los charcos en serio son de miedo en mi ciudad.   

Entonces si un día de estos ven un charco como este:

Y escuchan un grito como este:

Probablemente soy yo huyendo del charco, porque todavía no internalizo en mi mente provinciana que los mosquitos chilangos no me matarán (aparte de matarme de comezón).

Saludos y lecturas veraniegas

Aparte de celebrar mi cumpleaños, planear para los próximos meses y tener una serie de interacciones bastante singulares con personas interesantes, mi verano ha sido relajante. 

Ahí les debo algún post sobre la pelea que tuve con el personal de seguridad cuando fui al Museo del Templo Mayor. Posiblemente se convierta en la primera vez desde que tengo este blog que me retractaré de una recomendación. También fui al MUNAL, pero ese lo sigo recomendando. Otros eventos han sido más de mi vida personal, así que ya veremos si resultan relevantes.

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Mientras tanto, me permito hacerles una lista breve de lecturas veraniegas, por si tienen ganas de soltar el Netflix un ratito:

- La Cámara Húngara es un proyecto literario que ofrece perspectivas frescas sobre el Mundial que estamos experimentando actualmente en Brasil. Como se habrán dado cuenta, yo soy muy crítico de la cultura futbolera en México y especialmente en la Ciudad de México, por lo que me da gusto ver puntos de vista que hagan cosas aparte de defender la palabra “puto” y extasiarse con los goles de equis jugador. En particular, permítanme dirigirlos a la explicación del proyecto, un relato chusco sobre querer ver el futbol en Canadá y algo sobre el futbol y España, para que no digan que soy completamente insensible a las aficiones chilangas. 

- Actitud Alterna es un proyecto en el cual un grupo de jóvenes de la Ciudad de México buscan generar contenido sobre temas relevantes a la vida en Chilangolandia y su cultura urbana. Ellos lo describen diferente, pero estoy metiendo mi cuchara aquí. Fui a tomar pulque con uno de ellos y debo decir que estoy de acuerdo en que estuvo malo, aunque a mí todo el pulque que he probado me ha parecido malo. (Dios, ¿se acuerdan de ese drama que me hicieron el año pasado? Gracias a Dios ya no atraigo ese tipo de comentarios.) Aparte mi amigo David escribe sobre sexo ahí. Chéquenlo y opinen, porque yo no estoy de acuerdo en que los hotelazos sean una inversión.

- The Red Needle es el blog de un amigo inglés que es reportero y vino de visita a la Ciudad de México ahora en junio. Le tocaron justo los días en que el clima chilango se parece más al británico. Apenas lleva una entrada sobre su viaje (acerca de Coyoacán), pero si saben inglés y les interesa una perspectiva periodística y británica de esta ciudad tan interesante, chéquenlo. 

Ayer fue mi cumpleaños y nadie aquí me felicitó, GRACIAS.

#165 NO cinco de mayo

Decir que este día es equis es poco. Casi todos trabajan, casi todos tienen escuela y no hay descuentos en tacos y tequila como en Estados Unidos en esta misma fecha. Me parece que los únicos lugares donde el 5 de mayo es medianamente relevante son Estados Unidos, donde una parte de la gente cree que es el día de la independencia de México y el resto sólo quiere un día festivo más, y Puebla, el único estado donde parece ser que se acuerdan más de odiar a los franceses que a los gringos.

En la Ciudad de México es un día equis. Lo siento, gringos.

200% aplicable a la Ciudad de México, particularmente la primera. Llevo AÑOS quejándome amargamente sobre el caminado estilo chilango. Y no sólo aquí. 

Es 2014, ES SUFICIENTE. EVOLUCIONEN POR FAVOR.

(Fuente: shakeshack, vía valiendomother)

Un anuncio de servicio público: Los temblores y tú

Ahora que hubo un temblor fuertecito y que parece ser que no hubo heridos, me pareció un buen momento para sacar el tema.

Como dije en mi entrada sobre los simulacros en septiembre de 2012, NUNCA me ha tocado uno real, entonces en serio no sé cómo comportarme en uno aparte de lo que he leído en la teoría sobre el tema.

Además de eso, uno pensaría que trabajar en gobierno me ayudaría a aprender la práctica, pero pasé los últimos meses trabajando en un oficina gubernamental sin salidas de emergencia, áreas de repliego para sismos ni protocolos de emergencia de los cuales se nos avisara a todos los empleados. Así como lo leen. Sin embargo, algo que sí tenían eran dos cosas:

1. Puntos de reunión en un estacionamiento rodeado de cristales y en una calle estrecha, llena de árboles viejos (léase: a punto de caerse) y enmarcada por cables mal instalados. Ambos lugares seguramente nos matarían más rápido que los movimientos tectónicos bajo nuestros pies.

2. Simulacros de sismo sobre los cuales se nos avisaba cada 2 horas desde un día antes y que consistían, básicamente, en estar listos para la alarma y escuchar pacientemente los gritos de los brigadistas que nos ordenaban enérgicamente que dejáramos salir a los jefes bajo el entendido de que si estábamos arriba de la planta baja o teníamos un puesto medianamente bajo, éramos sacrificables. 

Entonces, cuando tembló antier, la verdad ni siquiera lo sentí. En parte porque estaba en el Pedregal (donde casi no se sienten), en parte porque no estoy acostumbrado y mi primera respuesta a un temblor es asumir que nomás estoy mareado, pero también en gran parte porque nunca me han entrenado con un simulacro de verdad. Cuando me dijeron que temblaba, mi reacción COMPLETAMENTE INCORRECTA fue vestirme, ponerme mis tenis más complicados de atarse, y salir caminando lentamente. Fue como si no tuviera sentido de supervivencia.

Soy de lo peor en emergencias. No sean como yo. Infórmense de qué hacer en un sismo y cuídense mucho, chavos.

Sobre mí, alias “HOLA”

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¡Hola! Me llamo Francisco. Soy de Culiacán, estudié relaciones internacionales y tengo veintitantos años. Me gusta la cerveza, el K-pop y aunque hablo fuerte y medio golpeado, juro que rara vez estoy enojado.

Empecé este blog en 2011, cuando acababa de mudarme de Monterrey a la Ciudad de México y pasaron dos cosas:

1. Me di cuenta de que mi estimación inicial de “ay, también es México, ¿qué tan diferente puede ser?” estaba tan lejos de la realidad como Katy Perry de un Grammy.

2. Empecé a echar madres tanto, pero TANTO porque el cambio no fue tan suave como yo esperaba, que necesité un lugar donde desahogarme.

Tres años después, en los cuales me fui de la Ciudad de México un par de veces y volví, aquí sigo. Por lo tanto, sí, pueden asumir que ya me gusta el DF. Dejen de preocuparse. 

Información esencial:

Mi Twitter es: @fgg23
El Facebook de este blog es: /manualmexicodf
Mi Instagram está acá: /franciscogrgz

Las Preguntas Frecuentes aquí

NO soy colombiano

No sé por qué, pero una conversación que tengo recurrentemente con chilangos que acabo de conocer es la siguiente:

Yo: Mucho gusto, soy Francisco

Chilango: Ooooh, ¿eres colombiano?

Yo: No, soy de Culiacán.

Chilango: ¿Estás seguro que no eres colombiano?

Yo: ….Sí.

Hasta ahora, ha sido una pregunta honesta en mi corazón si en serio creen que no estoy seguro que no soy colombiano. Digo, aunque es cierto que el acento mezclado de los colombianos que viven en México se parece UN POCO al acento del noroeste de México, yo pensaría que es bastante fácil estar seguro de que no soy colombiano. Nací en México y mi pasaporte es mexicano. Ya con eso, ¿no?

Pues hoy me contaron una historia pintoresca sobre una colombiana naturalizada mexicana que fue a Colombia y, habiendo renunciado a su nacionalidad colombiana para naturalizarse acá, NO ESTABA SEGURA SI ERA COLOMBIANA. Sensatamente (?), llamó al consulado mexicano en Bogotá para preguntarles, a lo que respondieron probablemente diciendo “señora, usted es colombiana, sea feliz”.

Lección: Sí existen colombianos que no están seguros si lo son. Tal vez deje de burlarme cuando me lo pregunten a mí.

(O tal vez no.)