#160 SÍ caos chiquito

image

Como diría Jorge Ibargüengoitia:

Esta habilidad para producir en la víctima la sensación de caos es una característica que tienen —y de la que disfrutan— cierta clase de mexicanos. Por un lado me irrita y por el otro me parece admirable.

Esa clase de mexicanos, añadiría yo, parecen estar concentrados en y alrededor de la Ciudad de México.

Por ejemplo, cuando venía de regreso al DF la semana pasada, llegué al aeropuerto de Nueva York y rápidamente localicé el mostrador de Aeroméxico. Había solamente una señorita atendiendo, quien me dijo con urgencia que aunque no lo decía en ninguna parte ni había razón aparente para ello, los pasajeros de Aeroméxico estaban siendo atendidos en el mostrador de Korean Air, y que me apurara. Fui al mostrador de Korean Air, que efectivamente estaba dominado por empleados de Aeroméxico, e hice mis 45 minutos de fila.

Durante los 45 minutos de fila, había una señorita con voz retumbante y un característico acento chilango obligándonos a todos a demostrar que nuestro equipaje de mano sí tenía las medidas correctas haciéndonos meterlo en una caja que servía como modelo. Si alguien en la fila no hablaba español, sólo les gritaba más fuerte y apuntaba más enfáticamente al equipaje de mano. El simple hecho de que lo hiciera no tenía nada de malo, pero siempre comenzaba su interacción con cada pasajero diciendo alguna variación de lo siguiente:

Señor, señorita, si lo molesto hágame el favor de checar que su equipaje de mano quepa en la medida que tenemos aquí. Puede que antes haya viajado con él y se lo creo, o puede que usted me esté mintiendo, pero igual tiene que caber y si no, a ver cómo le hace.

Las acusaciones implícitas, decirle mentiroso a uno sin evidencia, la buena educación fingida sólo para poder dar órdenes, la altanería y luego, sin más, lavarse las manos del problema. Era como si Poncio Pilato hubiera reencarnado en esta persona. Cuando llegó mi turno, mi mochila sí cupo, y (reitero) después de 45 minutos, pasé a que me dieran mi pase de abordar. La señorita que me atendió me hizo decir mi nombre completo, mi número de pasaporte (aunque ella lo tenía enfrente), el nombre de mi banco (?), mi nombre completo de nuevo y la clave de mi vuelo, sólo para decir las palabras fatídicas:

Señor García, su nombre no aparece en la lista.

"Oh no, oh no, oh no", pensé yo. Mi boleto no aparece, no voy a poder regresar al DF, todo saldrá mal. Le pedí que volviera a checar, me volvió a decir que mi nombre no aparecía, luego me dijo que mi nombre aparecía dos veces (lo cual ha sucedido antes porque tengo un nombre y apellidos muy comunes) y después de momentos de incertidumbre, a la señorita se le ocurre preguntarme:

Oiga, ¿usted sí está en el vuelo de las 2:45?

No, yo estaba en el vuelo de las 5:45. 

Aaaaaaah, con razón su nombre solamente aparece en el de las 5:45. Entonces usted todavía no puede documentar. Vuelva al mostrador de Aeroméxico y haga fila a partir de las 2:15. SIGUIENTE.

Y así fue como volví a tomar mi maleta, regresé al mostrador al que había llegado originalmente, esperé otras dos horas, documenté mi equipaje sin problemas, y mi vuelo salió sin el más mínimo contratiempo.

Esto, señoras y señores, es el caos chiquito y de lo que Jorge Ibargüengoitia estaba hablando.