Aprendiendo con Francisco: Cómo criticar un blog
Después de que gente diversa me sugirió que pusiera una especie de disclaimer porque este blog es desalmadamente ofensivo para ellos y sus familias y los hace llorar en las noches, abrazando a sus perritos aunque les de alergia como a mi, decidí que algo más productivo sería analizar cómo podríamos hacer la inevitable integración de este blog a sus vidas menos traumática.
1. Analiza qué tipo de blog estás leyendo.
La gran mayoría de las veces que me dicen algo sobre este blog, no puedo evitar notar malentendidos. Si buscan escritos exaltando la superioridad cultural de los chilangos por encima de la gente “de provincia”, aunque yo intentara hacerlo, pues no, porque ni siquiera soy chilango. Si buscan un estudio etnográfico estadísticamente representativo de los habitantes de la ZMCM, también están en el lugar incorrecto. Eso sí, si quieren leer experiencias y recomendaciones formuladas tras lo que me ha pasado a mi desde que llegué al DF en julio de 2008, están en el lugar correcto.
Digo, si leen el periódico, no lo cierran fúricamente para exclamar “¡qué mala novela acabo de leer!” ni le escriben un mail al editor para decirle que sus novelas diarias dejan mucho qué desear. No es una novela. Es un periódico. Hay que vivir con ello y no quejarse de que el editor del periódico no escucha sus críticas.
2. ¿Tu crítica tiene sentido?
Por ejemplo, una queja común es que generalizo mucho en este blog. Si su queja no es mamerta, mi respuesta usual es preguntar en qué he generalizado, ya sea para no volver a hacerlo en el futuro o para pedir disculpas si es necesario. La respuesta usual a esa pregunta es, aunque usted no lo crea, alguna variación de “¡pues no sé! ¡en general, generalizas mucho!”.
…O sea, así ni cómo ayudarles. Generalizar al quejarse de la generalización es como llorar porque hiciste llorar a alguien. Es decir, no manchen, ni ustedes se entienden.
3. No te sorprendas con una respuesta predecible.
Ayer me dijeron que hago “críticas idiotas” en este blog. Aclaro: soy de Sinaloa, así que soy un teflón para insultos. Decirme que soy tonto, feo o provinciano y esperar que me ofenda es como decirle a un flamingo que es azul y esperar que se ponga a llorar. O sea, el flamingo sabe que es rosa, y muy probablemente ni siquiera habla español porque es un maldito flamingo. No se sorprendan si me insultan y resulta que me vale mamá. No es personal. Tampoco hagan críticas impulsivas en Twitter (of all places) si esperan una respuesta larga y seria, ni hagan críticas emocionalmente cargadas en mi Ask Box si saben que les voy a contestar con sarcasmo y gifs.
4. Vocabulario nuevo: crítica y experiencia
crítico, ca.
(Del lat. critĭcus, y este del gr. κριτικός).
8.f. Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.
9. f. Conjunto de los juicios públicos sobre una obra, un concierto, un espectáculo, etc.
Por ejemplo, no porque no me gusten los romeritos quiere decir que ustedes puedan inferir que opino que tienen mal gusto si sí les gustan. La crítica es sobre algo en particular, no sobre generalidades, y es específicamente de quien la hace, lo cual significa que no tiene que ser tomada en serio por quien la recibe. Aunque me pongan un gran balde de romeritos como a Bruce Bolaños en Matilda, no pueden obligarme a que me gusten. Aunque yo los lleve a Culiacán o Monterrey y les muestre lo que es el calor de verdad, no puedo obligarlos a que acepten MI opinión de que en el DF no hace calor. Este arreglo es la realidad que surge a consecuencia de la igualdad de opiniones y todos tenemos que acostumbrarnos a él.
experiencia.
1.f. Hecho de haber sentido, conocido o presenciado alguien algo.
3. f. Conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas.
4. f. Circunstancia o acontecimiento vivido por una persona.
Por ejemplo, conocí el Starbus porque paso enfrente de él a cada rato cuando salgo a mandados. Yo realmente no sabía qué significaba la expresión “ay, ábrete”. Probé el mamey, el zapote negro, el camote con Lechera, los tlacoyos, las tortas de tamal, los tamales dulces, los romeritos y el bacalao antes de escribir sobre ellos. Fui al Café de Tacuba, El Mayor, Enrique y El Jarocho antes de opinar. He contado multitud de chistes irónicos sin que mis amigos o conocidos chilangos los entiendan. Genuinamente me molesta que se me atraviesen o que me obliguen a hacer fila cuando no se necesita. De veras me han barrido feo por usar shorts en público. He sufrido el Metro Pantitlán en hora pico. Soy intolerante a la lactosa. ¿El hecho de que a alguien no le gusten esas experiencias cambia el hecho de que las he tenido? No. Si les parecen ofensivas, ¿puedo cambiarlas? Tampoco. Hagan paz con esta realidad como yo lo he hecho.
Espero que haya quedado clara la lección. De tarea, sean amables unos con otros. Ya pueden salir al recreo, queridos lectores.